...
donde los trenes no se paran, las naves
no zarpan, un lugar en occidente,
donde mudas paredes de nieve rodean todas las casas,
donde el frío maltrata el cuerpo desnudo de la tierra,
donde la gente es nueva, y los recuerdos
cuando llegan, llegan por correo
no invitados, como los fantasmas.
Éste es un lugar en el que al sol no te calientas,
pero por la noche me derrito como hielo en la ardiente estancia de los sueños
para recoger los placeres llegados del pasado
días arrancados como páginas
y busco al negro gato, al grupo interminable de comensales,
al coro desafinado alrededor de nuestra canción,
atónita...
Cuando Sylvia Plath vió por primera vez a Ted Hughes en una fiesta, se dirigió hacia donde estaba él y sin decirle nada, le mordió en una mejilla hasta hacerle sangrar. Dicen que después de esto, se encerraron en una habitación y tardaron un buen rato en salir.
Con alas pero sin agujero por el que salir a usarlas, con ilusión sin motivo, con lágrimas de penas interminables.