Crónicas de Villanueva
El viernes, en el tren Málaga-Madrid, una vocecilla interior me cantaba al oído esa canción de Luz Casal que se llama “Vengo del Norte” y yo no sabía porqué.
El sábado conocí a un niño gallego que mira con profundidad y que me sentó más bien que una burbuja de oxígeno azul en una tarde de claustrofobia.
Hemos disfrutado de un par de Gin Tonics, le he visto menear sus hombros con arte infinito, hemos hablado de ciertas cosas importantes y luego sin despedirme como dDios manda, le dejé en su cama (que es la más cómoda del mundo) medio dormido y espectacular como una estatua griega.
Estos últimos días, mi padre me pone un puñado de jazmines junto a la cama y me dice que son para que sueñe gloria bendita.
Estoy de fiesta celebrando mi graduación.
Es una página con millones de fotografías.
Con alas pero sin agujero por el que salir a usarlas, con ilusión sin motivo, con lágrimas de penas interminables.